Informe de Nuestro Viaje a Israel.
por Dalia Birman
En primer lugar quiero agradecer de nuevo a la fundación por haberme dado tanto a mi como a Marcelo la oportunidad de vivir semejante experiencia, en la cual pudimos aprender e incorporar cosas valiosísimas, tanto nuevas técnicas y profesores como también muchísimos amigos.
Quiero que sepan (y que quede por escrito) que estoy para lo que necesiten, me gustaría ayudarlos en todo lo que pueda para que la fundación crezca un poco más día a día y muchas otras personas puedan disfrutar de lo mismo que yo.
Y por último y no menos importante gracias por dejarnos hacer lo que tanto nos gusta...bailar.

¿¿¿Por dónde empezar cuándo todo es emocionante para contar??? Por el principio sería lo más conveniente ¿no? por lo tanto:

Recuerdo el día que volví a mi casa y mi hermano me esperaba con la noticia - "Te llamó Diego Berman!!!" me decía y yo no lo podía creer, tampoco caía, pero ese día llame a medio mundo para avisarle, y todos orgullosos me felicitaban.
Cada día que pasaba iba siendo más real, e-mails y reuniones para arreglar los últimos detalles y llegó el gran día, el domingo 8 nos encontramos con Marcelo, nuestras familias y la gente de la fundación en Ezeiza.
Miradas de desconcierto, emoción y excitación nos rodeaban, eran tanto nuestras como de todos los que estaban ahí. Despedidas, remeras, fotos, todo junto...era demasiado.
Y bueno, el viaje fue largo, muy largo, pero nos dio la oportunidad a mi y a Marcelo de ir conociendonos un poco.

Llegamos el 9 muy tarde y nos estaba esperando Claudio para llevarnos a Guivat Haviva. En el camino nos fue contando un par de cosas más del curso, de los profesores, del lugar, estábamos un poco abrumados con tanta información, pero estar ahí era ya una sensación demasiado fuerte.
El 11 nos fuimos para Karmiel, con Marcelo estábamos tan ansiosos que la noche anterior nos pusimos a repasar los rikudim que no nos acordábamos, todo eso para poder bailarlos allá.

Bueno Karmiel fue bárbaro, a pesar de que no hubo mucha relación con la lehaka de Modiin (solo nos encontramos con ellos para dormir y viajar) la pasamos increíble. Ni bien llegamos nos dieron un planito y un cronograma con las actividades y no sabíamos a donde ir primero...
Entramos al primer espectáculo y enseguida empezamos a filmar, a decir verdad muchas de las cosas que filmamos no eran buenas, pero como estábamos ahí...había que dejarlo registrado.
Era todo muy distinto a lo que estábamos acostumbrados, si había una levantada en una coreografía, por más mínima que sea, la gente la ovacionaba de pie...en cambio acá hay como una especie de sobredosis de levantadas, por eso cuando se presentó la lehaka de Venezuela que tiene un estilo más nuestro, los israelíes no dejaban de aplaudir.
Y es así, su estilo es diferente también en las harkadot, cuando los israelíes bailaban parecían hasta sin ganas, y Marcelo y yo eramos los únicos excitados saltando en medio de la ronda.

Algunas cosas que me impactaron del festival fueron bueno por empezar la cantidad de gente y la movilización que hay; otra cosa bárbara fue ver el espectáculo de chicos donde le hicieron un homenaje a todas las canciones infantiles más clásicas, además de que en algunas lehakot había como 100 chicos por coreografía. Algo bárbaro fue también la harkada nocturna donde nos encontramos con Mehir Shem Tov, que oh! casualidad estaba musicalizandola con su famosa computadora. Y por último para dejar un poco de lado el tema de karmiel, algo que me encantó fue la presentación del Bolshoi que estaba como grupo invitado y presentaron el ballet Spartacus en el escenario principal. Esas cosas no se ven todos los días!!!
Y bueno, después de pasar dos días en familia, empezaba la parte más emocionante: el curso en Matan.

Por empezar Tami y Galit que eran las directoras del departamento de danzas, nos recibieron bárbaro, y no solo ellas, sino Claudio y toda la gente del lugar se ofrecía para cualquier cosa que necesitáramos.
Empezó a llegar la gente y con Marcelo nos mirábamos con una cara de desconcierto total, no sabíamos como nos ibamos a llevar con los chicos israelíes, sus costumbres, el idioma, además de que teníamos que convivir en la clases, en la habitación, en todo momento; pero la verdad es que fue increíble, enseguida hubo un click y tanto Marcelo como yo nos hicimos de muchísimos amigos, además eramos los dos argentinos, eso daba un poco de curiosidad.

En cuanto a las clases, por empezar hay que destacar el lugar donde se realizaban, porque habían tres estudios cerrados, y los demás eran todos al aire libre, cada uno con espejos, barras, piano, pero afuera, esa característica le daba un clima muy especial a cada clase. Uno podía estar estirandose y sentir el ruido de la brisa, los pájaros, era una sensación muy agradable.

Otra característica importante era que la mayoría de los profesores que tuve eran de diferentes partes del mundo, África, Holanda, Inglaterra, cada uno traía su estilo, así como los profesores de Israel.
Para empezar el primer día, a las chicas (todos los varones estaban en un grupo aparte) nos tomaron una clase de clásico de nivelación para dividirnos en dos grupos. Yo quedé en el uno, el dos era un poco más exigente, pero eso no quito que se pueda trabajar igual de fuerte que en el otro grupo.

Al grupo número uno nos exigían un poco más en la clase de clásico para poder afianzar mejor la parte técnica. La mayoría de las clases fueron con una profesora israelí que se llama Mijal Jazon y otras fueron dictadas por una profesora argentina (eso era bárbaro porque en las clases me corregía en español) llamada Guchi Lahu.
En esta clase teníamos obviamente ejercicios en la barra, y después los llevábamos al centro, todo esto acompañados por un pianista. Tener música en vivo la verdad que inspiraba muchísimo.
En la parte de contemporáneo (o moderni como lo llaman allá) tuvimos primero a un profesor también israelí llamado Ioram Karmi. Su estilo era bastante fuerte, en las combinaciones había que estar muy bien preparado porque requerían de mucha fuerza física, pero la verdad es que valían la pena.

La mayoría de clases que tuvimos de moderni las dictó una profesora Inglesa llamada Sharon Wray. Esta clase era bárbara porque había también música en vivo. Ella trajo a su propio percusionista, y él inventaba la música en el momento en el que bailábamos. La teoría de Sharon era que los bailarines debían tener una mayor conexión entre los músicos y el ritmo entre ellos, característica a la que se le dio muchísima importancia en todo el curso en general.
Bailar sin música, sólo con el ritmo propio fue bastante incorporado en las clases, en especial en las de repertorio. Un grupo holandés que estaba bajo la dirección de un coreógrafo israelí llamado Itzik Galili nos enseño su trabajo a lo largo de una semana. La música de sus coreografías, eran las palmas o las palabras, fue una experiencia muy divertida, y a la vez requería mucha concentración para poder coordinar a todo un grupo con los tiempos de la combinación.
Otra forma de incorporar la parte rítmica fue con un taller para aprender a tocar los tupim (tambores).

La profesora de jazz se llamaba Lisel Beck, ella era sudafricana, y su estilo era más bien de Modern Jazz, así que era una mixtura entre ritmos africanos para la parte técnica, y buen jazz para las coreografías. Su clase también era bastante fuerte, pero sigo diciendo que cada esfuerzo valía la pena.

Otra clase interesante fue un taller que duró varios días con una profesora llamada Yasmin Godal. Este taller tenía mezclas de contac improvisación y contemporáneo, además de una búsqueda interna de movimientos. Con la ayuda de un objeto que nos representara hacíamos una secuencia utilizando nuestra total creatividad. Las músicas que utilizaba eran también particulares, iban desde Astor Piazzola hasta música francesa.

Todas estas clases teníamos durante el día, y a la noche, siempre había alguna actividad especial como ver una obra de teatro, una muestra de videodance, conciertos de jazz, muestras de arte, etc. Y más a la noche se armaba una gran fiesta en uno de los estudios al aire libre donde nos reuníamos todos, la gente de danza, teatro, música, etc. y nos poníamos a bailar salsa o las cosas que habíamos aprendido durante el día. Fue muy buena la relación que tuvimos todos ahí, uno podía hablar por primera vez con una persona y era como si nos conociéramos desde siempre.

Por último uno de las cosa más lindas del curso fue el día de finalización, ya que cada grupo hacía una presentación, así que por todo el predio de Guivat Haviva, estaban distribuidas obras de arte, presentaciones de teatro, había una batucada africana y obviamente tuvimos la presentación de danza que salió muy bien.
Sigo repitiendo que esta es una experiencia inolvidable, algo que yo jamas pensé que podía lograr y lo hice. Hay algo que repetía todo el tiempo Mijal Jazon, la profesora de clásico, ella hablaba de la kavana (la intención) y nos decía que si uno tiene la kavana de hacer algo, ya sea poder hacer una linda pirueta como lograr un viaje y pone de verdad toda su fuerza en ello, seguramente lo vaya a lograr.

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